Periódico EL PUNT (10 de noviembre de 2008)

UNA TEMPESTAD MÁGICA Y EMOCIONANTE

DANI CHICANO Tomando la totalidad de la ingente obra de William Shakespeare, posiblemente haya pocos textos como La tempestad, que tengan los elementos adecuados para hacer una adaptación para un público familiar, y cuando utilizo este término, en este caso concreto, es para referirme a un público a partir de 6 años. Es lo que ha hecho, con mucha valentía, asumiendo unos cuantos riesgos, La companyia del príncep Totilau, bajo la dirección de Marc Hervàs, que debutó el mes de enero con el magnífico Seis Juanes, espectáculo para un público familiar, también de títeres, basado en los cuentos de Carles Riba y estrenado en el TNC.

La tempestad, una historia mágica, de aventuras, de amor y de humor, con un mensaje moralizante al final, presenta la disyuntiva a la que se enfrenta Próspero, mago y antiguo duque de Milán de consumar su venganza sobre aquellos que le usurparon el título y lo exiliaron en una isla desierta con su hija Miranda, con un monstruo (Caliban) hijo de un íncubo y la bruja Sicorax, y un espíritu del aire (Ariel), o bien perdonar y olvidar los rencores.

La puesta en escena es espectacular, con rompimientos a banda y banda de la caja escénica intercalados en diagonal; la escena está presidida por una mesa articulada en dos ramas, llena de libros, que los actores mueven en función de la escena y de las necesidades; al fondo, en el centro, una ventana des de la que los personajes presencian la acción sin ser vistos, y todo matizado por una iluminación tan impecable como la factura de los títeres –un vestuario luminoso-, su manipulación y la actuación de los actores, manipuladores y a la vez bailarines. La dirección de Marc Hervàs es detallista, rigurosa, y se percibe la obstinación para que todo fluya, de mantener una cierta poética y armonía de manera que en las transiciones, además de una sugerente música de época, los intérpretes bailan, de la misma manera que se imbuyen del espíritu del personaje que manipulan en cada momento, hasta el punto que uno podría olvidar que se trata de títeres, y que estos son una extensión natural del cuerpo de los intérpretes, reforzando el carácter mágico que posee un espectáculo de títeres o manipulación de objetos hecho con un mínimo de rigor.

Hervàs ha hecho una adaptación nada fácil de un texto precioso de una hora de duración –una representación del texto original puede durar tres-, perfectamente adecuado para la edad que se propone, aunque en este caso, más que nunca, está plenamente justificado un trabajo pedagógico previo, ya sea en casa con los padres o en la escuela, para que padres e hijos conozcan la historia y la gocen plenamente en el momento de verla escenificada. O bien un completo programa de mano que cumpla esta función.

 

 

 

Periódico DIARI DE GIRONA (11 de noviembre de 2008)

BUENA TEMPESTAD INFANTIL

JORDI SALA Uno de los ámbitos donde las artes escénicas de nuestro país ha progresado más saludablemente en los últimos diez o quince años es el de los llamados espectáculos para público familiar, es decir, los infantiles. Hoy ya son pocos los creadores de infantiles que todavía creen que explicando un cuento más o menos interesante con una voz impostada melifluamente ya es suficiente para seducir al público más joven, y en cambio se percibe una exigencia creciente en la calidad de este tipo de espectáculos en todos sus ámbitos: la historia, la interpretación, la definición del espacio escénico. Es en este contexto que la recientemente formada Companyia del príncep Totilau apuesta por textos de una calidad contrastada e indiscutible: su primer montaje fue Seis Juanes de Riba producido por el TNC, y ahora se han enfrentado a uno de los textos más bellos, misteriosos, escurridizos, del hombre de teatro más grande entre los grandes, una obra que ha hecho correr y continua haciendo correr ríos de tinta entre los eruditos, y que probablemente todavía pide un par más de siglos de evolución social para que la comprendamos enteramente. Ciertamente La tempestad tiene algunos elementos que la hacen seductora a los niños en el nivel dramático más básico, el de la historia y los personajes, y por lo tanto es un acierto que una compañía se arriesgue con un clásico indiscutible como lo es este en lugar de buscar caminos más fáciles: no hace falta que los niños lo entiendan todo, como tampoco no acabamos de abarcarlo todo los adultos y esto no es obstáculo para que lo disfrutemos. Enhorabuena a los del Príncep Totilau, pues, por la elección –aunque la traducción utilizada, a menudo pintoresca, no parece haber sido la mejor elección.

Y enhorabuena también por el montaje, que es de una gran solvencia. Seguramente los dos puntos fuertes del espectáculo son, por un lado la perfecta destreza de los manipuladores de los títeres y las combinaciones que hacen para dar cuerpo y voz a todos los personajes, y por el otro lado la constitución del espacio, que sirve magníficamente a los propósitos de la obra. La mesa articulada y con ruedas se puede convertir cuando se quiera y como se quiera en los tres lugares escénicos que definen la obra (el espacio de los nobles, el de la tríada grotesca y el de Póspero), siempre rodeados por unos libros que adquieren un marcado carácter simbólico, y una ventana que denota la entrada a la cueva de Próspero. La progresión de la narración funciona muy bien, y los grandes interrogantes que siempre plantea una puesta en escena de La tempestad, la materialización de Caliban y de Ariel, se salda positivamente con el hijo de Sícorax (una especie de monstruo que recuerda vagamente a los malos gremlins) y de manera no tan positiva con el espíritu aéreo del mago (una especie de Piolín teletúbico que no puede transmitir la maravilla insondable del personaje). Se podría matizar muchas cosas aquí y allí, sobretodo de hermenéutica, pero se debe partir de la evidencia que escenificar una obra como esta (y aún más para niños), una obra que han llevado a escena Leon Schiller. Giorgio Strhler, Friedo Solter, Meter Brook, Adrian Noble, Sam Mendes o Yukio Ninagawa (y que han interpretado Derek Jacobi, Daniel Evans, Ian McKellen o Vanesa Redgrave, por ejemplo), es una misión complicada. Y el resultado es muy bueno.

 

 

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